Un fin de semana en Quito: La noche Shetta y la noche Beatz

En una época donde las noticias están del otro lado de un teléfono celular o el monitor de una computadora, la realización de fiestas y eventos culturales se catapulta desde las plataformas cada vez más accesibles para las clases medias de las ciudades más grandes en el Ecuador: Internet y redes sociales digitales. Así es como yo, al igual que muchas personas, nos enteramos de la oferta de fiestas en un fin de semana cualquiera, y es así como, después de revisar las propuestas, escojo una fiesta de viernes y otra de sábado para ver qué pasa en una fiesta además de la fiesta como tal. Hangar Beatz y Fiesta Ecuatorian Shetta #003 me dan pistas durante un fin de semana.

He destacado la existencia del factor comunicacional a través de Internet. No es reciente pero sí creciente la tendencia a socializar todo tipo de información a través de redes sociales, especialmente Facebook. No habrá volantes o ‘flyers’, una nota en la prensa, televisión o radio sobre alguna fiesta, evento cultural, concierto, festival de artes, etc., pero de seguro toda la información constará en un evento creado específicamente en Facebook para que el público conozca los detalles de estas actividades.

Pero volvamos a las fiestas de ese fin de semana y la forma en que se relacionan con la difusión digital. Daniel Varela Sánchez, más conocido como Bato y director de la película “Ecuatorian Shetta”, expresa que las fiestas con el mismo nombre de la película “inician porque queremos sacar los fondos para poder terminar la peli y estrenarla. Esta es la tercera edición y nos ha ido bacansísimo y la peli va creciendo desde plataformas como Facebook. Vamos haciendo fiestas y la gente va escuchando cada vez más el nombre. Esa es nuestra publicidad, no tenemos (recursos) para salir en la tele o en periódicos pero nos movemos por Internet”.

Existe este muy efectivo recurso de promover en línea la realización de fiestas para recaudar fondos que logren cubrir parcial o totalmente los gastos que demanda la elaboración de una película. Bato cree que el futuro de las películas se ampara, justamente, en el potencial que Internet y Facebook tienen para tales propósitos. Además, no es cosa muy reciente la difusión de campañas de financiamiento fílmico y, como vemos en el caso de “Ecuatorian Shetta”, la campaña está teniendo un alto grado de efectividad a juzgar por la aceptación que están teniendo sus fiestas.

Y como ya decía, yo soy una de las tantas personas que se entera de las ofertas culturales y de entretenimiento a través de las redes de Internet, comparo y tomo decisiones; las redes son vitrinas de productos, ni más ni menos, y la forma en que los organizadores de fiestas potencian esta realidad merece mi atención por lo bien que, muchas veces, organizan, difunden las fiestas y ejecutan su puesta en escena.

Fiesta Ecuatorian Shetta #003 y la cultura de la fiesta ‘underground’

Es sábado en el centro de Quito en el lluvioso mes de marzo, pero este día ha habido tregua y si llovió fue poco porque ni las calles están mojadas ni los vehículos tienen activadas las plumas de sus parabrisas. Cerca de la medianoche cada vez más grupos de jóvenes van llegando a la calle Espejo –calle que es, más bien, un boulevard; el tránsito es únicamente peatonal- y se detienen frente a la entrada del legendario y deshabitado Teatro Bolívar y en cuyo mezzanine ahora opera el bar Wonder 1933. El personal de seguridad del evento que se lleva a cabo está atento al ingreso de personas, en su mayoría jóvenes que, exagerando, ostentarán su primera treintena de años.

La seguridad obstruye el ingreso porque para poder entrar es preciso identificarse y dejarse revisar, no vaya a ser que estos jóvenes estén metiendo trago a la fiesta. Pero… como si hay algo que nos caracteriza culturalmente es una inventiva sin límites para la “maña”, y como la maña se aprende facilito y rapidito, los jóvenes logran meter trago o se las ingenian para no pagar (al menos no todos) el valor de ingreso. Así ocurre esta vuelta: estos muchachos envían un emisario para que entre a la fiesta, pague y deje que el segundo filtro de seguridad (donde se paga) le coloque un sello de tinta en el brazo que le permite volver a ingresar cuantas veces desee. Una vez marcado, el joven vuelve donde el resto del grupo lo espera, sopla aire caliente con su boca sobre el sello y rápidamente “traspasa” la marca al brazo de los demás. La verdad sea dicha, no sé qué tan efectivo sea este método pero si es común su empleo debe ser porque tendrá su grado de efectividad, ¿no? Atención, promotores de fiestas: no colocar sello de tinta sino pulsera de seguridad, también tendrá su margen de error pero seguramente es mayor el desafío de transferirla a otra persona.

Al margen de estos pormenores en las dinámicas de estos jóvenes en esta noche, ya son más de las 00:00 y finalmente da ganas de entrar porque ya está operando en el organismo el licor que se venía ingiriendo desde hace un par de horas o, en su defecto, ya ocurrió lo propio con drogas menos “convencionales”… mejor dicho, la gente ya está ‘high’ o ‘happy’ – en estos espacios y en estos estados de conciencia nos ponemos medio bilingües.

Una fiesta con una estética ‘stoner’

Bastián Napolitano, uno de los organizadores de la Fiesta Ecuatorian Shetta #003, me cuenta –y me pide abrir comillas- que esto es un tema de libertad: “Yo creo mucho en la libertad. Este tipo de eventos es algo así como abrir una puerta, y al entrar a tomar una cerveza o fumarte un chafo, lo que tienes es libertad y es con esa onda con la que hacemos cosas como estas fiestas. Aquí las personas son libres, son fiestas donde te vas a sentir libre”.

Definitivamente hay una especie de libertad a desinhibirse, cosa que es posible en ciertos espacios como estas fiestas, y esto hace sentido, específicamente, para el caso de Ecuatorian Shetta, una película sobre el uso de la marihuana. Así me lo confirma Bato cuando le pregunto sobre el concepto de estas fiestas: “Lo que consideramos es la estética de la película, una estética ‘stoner’ que siempre está coqueteando con la marihuana y con la ‘voladera”. Aunque las fiestas son para financiamiento, “también queremos que sea un evento cultural con este concepto de la película”.

En efecto el ambiente del lugar donde se lleva a cabo la fiesta Ecuatorian Shetta es, no sé si cannábico, pero sí psicodélico. Hay dos espacios amplios que hacen las veces de salas de baile. En una de ellas están montados los controles desde los que operan los DJ y en la pared trasera juguetean luces de colores del mapping diseñado expresamente para esa noche. En la otra sala, sobre la superficie de un gran muro visiblemente afectado por el incendio ocurrido en 1999, se despliega otro juego de luces, colores y animaciones. Sí, el espectáculo de mapping, aunado a la música de varios DJ le da a la noche ese toque ‘stoner’ del que habla Bato. Y la gente se mueve entre estas acciones: bailar, hacer fila en la barra, tomar, conversar y bajar las escaleras para salir cada tanto a fumar fuera del edificio.

La cultura de las fiestas ‘under’

Y como siempre en Quito, cuando la noche está en su mejor momento resulta que ya no es de noche sino las tres de la mañana y eso significa que la fiesta se acabó. Las luces se encienden, la música se apaga y el público empieza a hacerse la misma pregunta después de cada fiesta: ¿Dónde es el ‘after’? Independientemente de que la posibilidad de un ‘after’ se haga o no efectiva, me doy cuenta que lo que, aparte de todo esto del baile, el coqueteo y el ligue, el disfrute, el exceso o no de consumos, etc., en una fiesta pasan bastantes cosas. Pasa cultura, eso pasa.

Podremos no notarlo porque ya están bastantes incorporados en nuestro imaginario estos rituales fiesteros del ‘line-up’ o selección de DJ con sus géneros musicales, los vídeos o instalaciones mapping, las promociones de tragos, etc., pero el hecho de que en una fiesta haya todo un trabajo de producción y montaje para que ésta se lleve a cabo, es la demostración de que es en estos espacios donde se desarrollan ciertos actos y acciones de culturas o subculturas como la cultura ‘underground’ de la movida hipster-milénica-clasemedia-nortequiteña. Como dice acertadamente Bastián: “Quito es una ciudad llena de cultura. Es como una máquina donde la cultura está constantemente explotando y lo que hay que hacer es dar espacios para que esa explosión llegue a su auge. Este tipo de eventos culturales y fiestas tratan de generar un espacio para que todo el mundo pueda ‘tripear’. Todo el mundo es responsable de hacer cultura, la hacemos desde que nos levantamos de la cama”.

Ya lo vemos, hacemos cultura todos los días, sólo que se nota más en unas ocasiones que en otras; en las fiestas bien producidas, por ejemplo, salen más a flote estos brotes de cultura fiestera e inteligentemente hecha. Hablando-del-rey-de-Roma, he aquí otro ejemplo de fiesta bien hechita: Hangar Beatz.

Hangar Beatz y la buena fiesta asegurada

Viernes en la noche, en cualquier momento se revelará una información importante si queremos irnos de farra, y como todo, absolutamente todo funciona por Facebook –siempre Facebook-, hay que conectarse para conocer la ubicación donde se llevará a cabo la octava edición de Hangar Beatz, una serie de fiestas electrónicas que inició, si no estoy inventándomelo, en el año 2015 en Quito. Esto es algo que ya se vuelve como rumor, mito urbano o, para que me entiendan mejor, como el juego del teléfono dañado: ‘Yo oí que esta vez el Hangar va a ser en el norte, ya no en el centro’, ‘Aquí dice que es por la Marín’, ‘¿No que era en el norte?, ¿Cómo llego a esta hora hasta la Marín?’. Entre esas preguntas que nos hacemos entre panas por fin nos llega la noticia certera, que esta vez el Hangar es por la Avenida Colón. Para ser más concisa, la fiesta es por la Avenida Colón, Sobre la Avenida 10 de Agosto, pero parece que la entrada es por la calle Mercadillo.

En efecto, antes de entrar me confundo y me pierdo. Entro a la calle Mercadillo desde la Avenida 9 de Octubre pero resulta que esta calle está agresivamente atravesada por la Av. 10 de Agosto y de pronto… se acabó, no hay más Mercadillo, pero oigo bulla, música y gente conversando en la vía. Ah, ya sé, la calle Mercadillo continúa cruzando la Avenida y de ahí proviene el ruido porque hay gente conversando afuera de los vehículos parqueados. Mi hermano me acompaña, no quiere que me asalten o me pase “nada malo”. Ya estoy del lado correcto de la calle pero no veo ninguna entrada, los únicos a los que veo son un par de amigos entre que metaleros y jarcoretas o “por ahí”.

Resulta que la entrada es sencillamente por la Av. 10 de Agosto. Me despido de mi hermano y me encuentro con mis panas que ya llevaban un buen rato esperándome. Me ponen mi pulsera de seguridad y entro al gran salón de lo que alguna vez fue un ostentoso casino. Hay dos VJ y cuatro proyectores que transmiten un show mapping en cada pared hacia la que dirijo mi mirada. Reconozco a bastante gente, esto pasa con frecuencia en el Hangar Beatz y en otras fiestas cuya difusión se da por Facebook.

Entre estas personas distingo a Andrés el Oso Aulestia a.k.a. Osiwar, encargado de las instalaciones mapping de la noche, así que me pongo a conversar con él para que me cuente un poco sobre la fiesta. Osiwar me explica que en esta fiesta electrónica lo que se trata de hacer es impactar visualmente a los sentidos”. Y añade que “no importan tanto los DJ como vivir la experiencia, lo que importa es todo el ambiente en su conjunto, lo cual incluye el espacio, la música y lo visual, entonces el concepto es lo que hace que el Hangar sea una fiesta diferente”.

Una onda ‘rave’ que no quiere ser sinónimo de exclusividad

Y de verdad llama mucho la atención ver transformado lo que alguna vez fue un casino grande en una fiesta electrónica del tipo ‘rave’. Precisamente sobre esta estética de ‘rave’ me habla Z.L., uno de los organizadores de Hangar Beatz: “Tenemos un concepto como de ‘rave’ donde hay un patrón, no es una fiesta de club sino que hay unos pilares y patrones que hacen que las fiestas funcionen, no necesariamente por quiénes sean los DJ, ellos son sólo una parte más”.

Sobre este punto Z.L. se explaya un poco más ya que, según me cuenta, lo importante es la música: “Más que un buen DJ nos importa que haya buena música. No nos importan tanto el ‘line-up’, el nombre de un DJ o de dónde viene… muchos bares de música electrónica han cerrado porque, pienso, se centraban más en eso, en el ‘label’, porque se enfocaban en ser ‘VIP’ y en el DJ cuando no se trata tanto de que sea algo exclusivo sino de llegar a la mayor cantidad de gente posible”. El tema de que en bares y clubes de fiestas electrónicas, al menos en Quito, le atribuyen particular importancia a la noción de exclusividad es decisivo en Hangar Beatz porque es precisamente de lo que intentan alejarse: “Esa idea de ser ‘label’ porque pago más y por estar encerrado en un cubículo y creer que por eso soy “chévere” es justamente algo que no pasa en los Hangar Beatz”, enfatiza E.B., el otro socio organizador.

Por razones como estas es que Z.L. y E.B. deciden que sus identidades no sean reveladas en este artículo. Para ellos no se trata de figurar sino de brindar una buena fiesta, es por eso que E.B. insiste en que “Hangar Beatz no quiere dar una cara porque no es una cosa de ego sino un ‘hobbie’ bien hecho”. Entonces –y ahí yo interrumpo- parece ser que la idea es, justamente, hacer de estas fiestas espacios más horizontales y de una mejor accesibilidad para diversos tipos de públicos.

El toque decadente

Z.L. aclara que el público de los Hangar Beatz no es 100% electrónico: “eso es lo que a mí me gusta, que es un público en un diferente rango de edades, hay punks, jarcoreros, alternativos, gente a la que, evidentemente, le gusta la música electrónica, y hasta gente que no tiene un gusto muy definido pero sólo viene porque confía y porque ha oído buenos comentarios, se ha ido pasando la voz y la gente ha hablado bien desde un principio. Siempre hemos intentado crear un poco de intriga y no nos gusta el protagonismo, por eso no hay ninguna cara detrás del Hangar”.

Quienes hemos asistido a otras ediciones del Hangar Beatz nos hemos dado cuenta que estas fiestas se llevan a cabo de vez en cuando, en un lapso de tiempo que no suele ser menor a tres meses, y este factor se debe, como lo expresan Z.L. y E.B., a la importancia de “no quemar las fiestas; si las hacemos, por ejemplo, todos los viernes se puede volver algo aburrido”.

Algo recurrente en Hangar Beatz es que el espacio es ciertamente amplio, bastante amplio pero, sobre todo, que son sitios que en tiempos pasados tuvieron otras funciones; si bien son espacios destinados para la realización de eventos sociales, no son tan “convencionales” que digamos. Los organizadores tienen una tendencia a buscar “espacios que podríamos llamar decadentes, salones decadentes, como este que ya no tiene la función de casino”, confirma Z.L., y para que no nos quede la menor duda de que este casino hace mucho tiempo había caído en total abandono, E.B. confiesa que cuando llegaron hasta aquí en busca de locaciones el ex casino “hasta olía a pollo”.

La confianza es todo

Hasta aquí todo sobre Hangar Beatz se cuenta de manera positiva pero, al igual que los actos menores de corrupción para entrar a la Fiesta Ecuatorian Shetta #003, en los Hangar también hay aspectos por mejorar, no tanto por parte de su organización como por parte de su público. E.B. dice que a las personas les encanta estas fiestas pero también se quejan: “nos preguntan que por qué cuesta tanto cuando lo que en realidad queremos es que se den cuenta que muchas veces pagamos $20,00 para estar en una discoteca como cualquier otra… pero esto de quejarse es algo ya muy típico en la gente. Ahorita, por ejemplo, ¿ves cómo la gente está chupando afuera?”. En efecto, en el exterior de la fiesta había tanta gente como adentro, y muchas de estas personas  tomaban botellas de licor adquirido fuera de la fiesta. Este es uno de los clásicos de las noches de farra quiteña, aunque haga frío preferimos quedarnos tomando afuera porque es más barato, y no está mal, hay crisis y un buen trago puede tener un precio elevado, pero repetir constantemente estas acciones es una forma de desvalorizar el esfuerzo y trabajo que realizan los promotores de fiestas y otras actividades culturales y de entretenimiento.

Afortunadamente los aspectos positivos siguen siendo mayoría y uno de ellos es la confianza. Z.L. explica que venir a estas fiestas “es una cosa de confianza: Acá la gente confía porque saben que siempre tendrán algo con lo que sorprender, eso es lo que me gusta. Aquí hay un público que es muy entregado. Para nosotros lo más importante es el ambiente, hay una vibración como cuando juntas mucha gente, hay varias maneras de juntar mucha gente y poder transmitir muchas cosas; la gente puede no darse cuenta al tratarse de algo muy subliminal, y eso es justamente por la confianza que deposita el público que viene, es una experiencia donde la gente se deja llevar”.

Todas las técnicas empleadas para generar esa confianza en el público a seguir yendo a cada edición de Hangar Beatz parecen dar muy buenos resultados, efectivamente las respuestas son favorables y esto puede deberse, como indica Z.L. a que las fiestas de estas características están diseñadas para desconectar: “hay muchas noches de fiesta pero no vas a poder dejarte llevar y desconectar aunque sea un momento si siempre es lo mismo y lo mismo, la misión de Hangar Beatz es hacer volar a la gente y que luego regrese”.

 

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